Ferias y rifas, casetas, arroz y callos para cambiar por hojarascas, guirnaldas y rocallas. Y el grupo se amplió, las reuniones que se celebraban en la plaza del taller eran amenizadas con el tintineo de las monedas de un cerdito que nos incitaba a todos a aportar un donativo. Siempre había bocadillos que mitigaban el hambre y significaban una nueva ofrenda para Lágrimas. Y pelados, en aquella época muchos abandonamos nuestras respectivas peluquerías y el maestro cambiaba nuestros flequillos por bambalinas de plata. No había respiro y cuando un proyecto finalizaba otro veía la luz, y se encargaron ánforas de diferentes tamaños hasta un total de catorce, con un diseño fantástico e innovador donde las águilas de San Juan, con sus sienes ceñidas por coronas imperiales, hacían de increíbles asas.
La economía se ajustaba y en algunas ocasiones había dificultades para llegar a tiempo a los plazos establecidos, y era entonces, cuando venía Chico y mandaba saludos de su hermano desde la lejanía y la añoranza de su Málaga nazarena.
El grupo decide que la siguiente etapa sea acometer una candelería. No quería un tren de velas, y se encargan un total de 74 candelabros. Dos enormes faroles octogonales iban a ocupar el siguiente puesto en la relación de piezas ejecutadas. Su lugar, privilegiado a los lados de la Señora, resultaba paralelo a su magnifica ejecución, plasmando un diseño fantasioso en el que eran rematados con ángeles cincelados sustentando una corona. A imagen de estos dos grandes faroles, se realizaron otros dos más pequeños que ocuparían su lugar en el frontal del trono venidero. Y en el punto central de este frontal, un templete, guardián de una imagen de la una imagen de la Inmaculada Concepción como referencia en la proa de este bajel de plata.
En medio, calendarios y primitivas, que inundaban la casa una y otra vez de papeletas sin vender y de una hermosa imagen de la Virgen en mantilla. Y llegó la hora del penúltimo suspiro, la última tentativa antes de acometer el proyecto del trono en sí. La realización de los arbotantes traseros. Dos arabescos de luces que en sus bases, como una gigantesca talla, destacan las figuras de los cuatro evangelistas. Los tañidos de una campana marinera se oyeron por vez primera. La había traído nuestro hermano Martín. El trono de María Santísima de Lágrimas y Favores ya tenía campana. Y poco después se le encarga una marcha musical al conocido compositor Abel Moreno.
Quien iba a decir entonces que poco tiempo después, esa marcha, con la letra que escribiera nuestro hermano José Antonio iba a convertirse en un auténtico himno de la Virgen. El diseño del palio busca el remate sobre el terciopelo de una crestería sobredorada en oro fino, siendo estas piezas las que se acometen a continuación, encargándose este trabajo al orfebre Alejandro Borrero.
El catálogo de piezas había ido sumando y sumando. El tiempo también había ido
transcurriendo, y el nerviosismo empezaba a aflorar, la empresa que quedaba por venir era desproporcionada para la economía general del grupo y las dudas asomaban tibiamente la cabeza. Dudas que a la vez que se acrecentaban se mezclaban con sentimientos absolutamente contrapuestos de admiración y de miedo al contemplar por vez primera los diseños del cajillo que Miguel nos enseñó, como tantas otras veces, para volver a engordar el baúl de las ilusiones.






