Pero la Virgen hizo un guiño y reclamó lo que le habíamos prometido. Y como el agua que llega después de la sequía, la ilusión fue llenando las venas de todos los que perseveraban en el empeño, las mustias flores empezaban a erguirse. Mientras, desde la cofradía, el entonces hermano mayor que había visto el guiño de la Virgen, tendía un puente de plata que habría de cruzarse sin retorno. El Ave Fénix resurgía de sus cenizas con más fuerza que nunca. Nuestra ilusión iba a convertirse en realidad.
Además del trono, durante este largo periodo de años, otra gran sorpresa se iba a gestar; la realización de bordados para la Señora. Con la dirección de Miguel y la inestimable ayuda de Federico Palma, Juan Manuel y Miguel Ángel Maese, se dedicaron horas y horas de trabajo, de fijar y perder la vista enhebrando agujas para conseguir la ejecución de piezas que podrían ser la envidia de los mejores talleres de toda Andalucía.
Una toca sobremanto, bordada a realce en hilo de oro sobre una malla construida a mano, se realizó antes el asombro de los privilegiados que pudimos contemplarla ante nuestros ojos. Para vestir a la Virgen una saya sobre terciopelo rojo donde todas las técnicas del bordado iban a confluir para generar una obra de belleza sin igual. Las vistas del manto, sobre terciopelo verde, suponen una continuación en el bordado del armonioso conjunto de la saya. Y sobre la saya, una pequeña pieza, pero de exquisita realización, una cinturilla, como un delantal de hojillas de oro culminan el vestuario de la Señora.
¿Y el palio?, ¿Cómo iba a estrenar la Virgen el trono sin llevar bordados en el palio? Sobre un terciopelo verde, del mismo color que su manto, aparecen rocallas de oro fino, hojarascas que intiman con el barroco más extremo, en una sinfonía del bordado, en ambas caras de las bambalinas frontal y trasera del palio. Y en el techo de palio aparecen también bordados que rodean con una orla de oro fino, a una gloria, que representa la escena de la Anunciación de la Virgen, realizada en sedas de colores, donde la maestría del bordado alcanza la precisión de pincel. Poco después pudimos contemplar un cielo de oro sobre la corona de la virgen, y las bambalinas repletas de piezas conformando un conjunto armonioso y exquisito. El palio se había terminado.






