Pero el ajuar para el estreno no acaba aquí, se encargó un puñal y una cruz pectoral, así como todos los aditamentos necesarios en la liturgia cofrade, incensarios y naveta para que el olor dulzón del incienso y la nube de humo que origina, se eleve hacia el cielo como una oración.

 

     Y por último, la corona. El complemento ideal para una reina, una impresionante

corona de plata dorada, que se realiza por los Hermanos Marín. El 3 de abril de 2004, en un acto que nunca olvidaremos, en la penumbra de la Iglesia de San Juan se presentó y entregó el Patrimonio de la Virgen de Lágrimas a la cofradía. Al día siguiente, 4 del 4 de 2004 se produjo la añorada salida. Todavía no habría de producirse por recorrido oficial, daba igual. En aquel Rosario de la Aurora, nuestros pies nunca tocaron el suelo y una sonrisa se había dibujado como mueca permanente en nuestro rostro. Es absolutamente imposible describir con palabras aquellas jornadas que nos marcaron para toda la vida.

     Al poco tiempo, estábamos todos reunidos en la casa del que después fuera nuestro flamante fiscal. Tratábamos de decidir nuestro futuro. Aún nos encontrábamos en las postrimerías de la época estival, y la resaca de esta primera salida, en el que tenía que haber sido el último Rosario de la Aurora de Mª Santísima de Lágrimas nos había dejado flotando en una nube, sin capacidad alguna de respuesta. Había que dejar sentadas las bases de nuestra estación penitencial.

 

     Partíamos de dos premisas, por un lado el Rosario de 2004 debía haber significado el último. Por otra parte después de esta salida todos habíamos quedado convencidos, incluidos los más escépticos, de que Lágrimas no podía salir el Miércoles Santo, que su día debía ser el Domingo de Ramos. Pero ahora se nos planteaba un dilema, esta convicción que ya había arraigado en todo el grupo debía hacer cuerpo también en la cofradía y sabíamos perfectamente que el entonces Hermano Mayor era partidario de que la salida en procesión debería hacerse el miércoles. Esta era también la opinión más arraigada dentro de la hermandad.

 

     ¿Pero, cómo transmitir este sentir del que estábamos profundamente convencidos? Decidimos que habría que exponer todas las razones que esgrimíamos para justificar nuestros argumentos, pero además pensamos que para que de alguna manera estuviesen obligados a escuchar, la exposición debería hacerse de tal manera que obligase a no interrumpir las alocuciones, pensándose en realizar una presentación utilizando medios técnicos esperando los resultados, si bien la desconfianza en el resultado era tónica general. Conseguimos una audiencia ante el sanedrín de la cofradía y en esa reunión se expusieron con suma claridad todos aquellos aspectos que habíamos considerado hacían absolutamente inviable que Lágrimas saliera el Miércoles Santo, aspectos logísticos, históricos, de crecimiento, etc. y además estaba la tradición que nos decía que el domingo era el único día en que se realizaba o había realizado culto externo a nuestra imagen. Pensábamos que si ya era tremendamente complicado controlar en la calle una cofradía con cuatro tronos, este esfuerzo se multiplicaría al pasar a cinco tronos, y además dos de ellos, tronos de virgen con lo que ello conlleva. Aunar los diferentes ritmos, cadencias en uno sólo ya se hace complicado con la actual manera de procesionar las Cofradías Fusionadas en el Miércoles Santo cuanto más si la Virgen de Lágrimas se incorporase al cortejo. Pensábamos además, que el hecho de diferenciarnos de día podría suponer un polo de expansión para la cofradía.

 

     Por otra parte, la tradición, la única que conocía nuestra Virgen nos empujaba sin duda a mantener el domingo como única posibilidad para realizar la salida penitencial, este siempre había sido el único día en que la Virgen pisaba las calles en un acto litúrgico y así durante muchos años.