Quizás Ella abrió ciertos oídos, quizás la fe y el convencimiento que pusimos ayudaron, quizás desde arriba hubo alguna pequeña ayuda, el caso es que se nos abrió una posibilidad desde dentro de la cofradía. El primer obstáculo estaba salvado. Ahora quedaban largos recorridos hasta llegar a buen puerto. Lo que habíamos acordado debería plasmarse en los nuevos estatutos, debería aprobarse por el Obispado y ser la Agrupación de cofradías la que diera el beneplácito para que nuestra Virgen pudiera procesionar por Málaga dentro del recorrido oficial.
Los plazos no iban a ser tan cortos como creíamos, de hecho esa siguiente Semana Santa volvimos a realizar una salida en la mañana del Domingo de Ramos sin incluirnos aun en la dinámica agrupacionista, siempre además con problemas en los recorridos, contando con escaso tiempo para mantener a nuestra Virgen en la calle, pasando en suma más obstáculos de los previstos pero empezando a dejar en la calle un sello que nos ha ido acompañando hasta hoy día. Momentos como el paso por calle San Juan empezaban a convertirse en un clásico en nuestro escaso devenir, en espera de poder contar con las oficialidades pertinentes.
Nada fue fácil, conversaciones con el obispado, un seguimiento estrecho a la redacción de los nuevos estatutos y por fin en la cuaresma de 2006, con la nueva junta de gobierno dirigiendo ya los designios de nuestra corporación, llaga la decisiva junta de la agrupación donde debía otorgase el esperado placet. Los esfuerzos que nuestro Hermano Mayor, Eduardo, y su equipo habían realizado, intentaban empujar la balanza a nuestro favor. Recuerdo que esa noche, todos rondábamos las calles cercanas a la sede del máximo organismo cofrade, en algún bar del entorno apurábamos alguna bebida mitigando la espera. Al final unas llamadas telefónicas desde el interior constituyeron la válvula de escape a nuestras tensiones, habíamos sido admitidos tal y como queríamos dentro del Domingo de Ramos, y sin embargo nada había sido fácil, tan sólo un escaso puñado de votos había significado la diferencia entre el éxito y el fracaso. Nuestros estatutos habían incluido la salida en procesión en la tarde-noche del Domingo de Ramos, la agrupación nos había situado abriendo la tarde de ese día en un horario extraño donde debíamos discurrir con ligereza y a veces con parsimonia para convertirnos en un colchón entre cofradías.
Daba igual y la prueba de ello fue el maravilloso estreno por recorrido oficial y una bajada por calle carreterías como jamás haya visto yo hacer a cofradía alguna. Estaba claro que nuestra entrada no había dejado indiferente a nadie e incluso podía despertar ciertos recelos, de hecho el año siguiente tuvimos que renegociar el horario con las cofradías del domingo, el caso es que volvíamos a salir por la mañana contra nuestros deseos iniciales, y sin embargo estábamos dispuestos a adaptarnos a cualquier contratiempo, horario o adversidad. Quizás, decíamos, no esté en nuestra mano elegir tanto y sea Ella realmente la que decida.
El resto es historia conocida. Durante los siguientes años, la Virgen ha procesionado por la mañana, aunque conseguimos cambiar el itinerario pasando por los enclaves más bellos que Málaga posee, durante este tiempo se ha incrementado el patrimonio pero sobre todo se han ido engrosando las filas de nazarenos especialmente con jóvenes y niños augurando un porvenir seguro.
El paso del tiempo enseña a relativizar las cosas. Se entiende aunque no se comparta, la oposición a la entrada de la Virgen por recorrido oficial, o a que transcurriera en Domingo de Ramos. Y es este paso del tiempo, breve historia en definitiva pero intensa, el que hace comprender los estímulos que han supuesto esos obstáculos en el camino, que han labrado una forma de entender el procesionismo malagueño, una manera de ser que tiene particulares connotaciones, que impulsa la creatividad, que se recrea en el detalle, que ama lo clásico pero gusta de innovar. Ahora que hemos obtenido premios y galardones, que hemos visto a Lágrimas presidiendo el cartel de las cofradías hermanas de Domingo de Ramos, que hemos cruzado calle San Juan bajo un cielo de flores, podemos alcanzar a adivinar que nuestra Virgen, la de las pequeñas andas en el Rosario de la Aurora, la que hace de la danza desde su capilla de plata un arte suntuario, ha empezado a labrarse un hueco en el corazoncito de los malagueños.
Hace más de cinco años decíamos en la presentación del Patrimonio unas palabras que han resultado premonitorias. “Esto no es el final de un proyecto. Es el fin del principio. El principio de una época en la que la gente te conozca, Virgen discreta, y que Málaga entera admire, lo que el esfuerzo y el cariño de tus hijos ha conseguido. Amor y Arte en una simbiosis perfecta.... Virgen de Lágrimas y Favores.”






